¿Qué unifica a los políticos tradicionales de este país? Nada menos que su infinita capacidad de anteponer los intereses a los principios: hoy están aquí y mañana allá, hoy escriben con una mano y mañana borran con la otra... La volteada –sin sonrojo- es entonces uno de sus gestos más característicos. Por eso la política tradicional está tan desprestigiada en Colombia.
Los ejemplos abundan. Durante su campaña presidencial, Noemí Sanín dijo por Uribe no se podía votar porque era paramilitar, pero apenas lo eligieron aceptó ser embajadora de su gobierno en España. Otro tanto hizo Fabio Valencia Cossio, para quedarse en la embajada de Roma. Al poco tiempo correspondió a Horacio Serpa dar el salto mortal y de contendor pasó a encabezar la delegación colombiana en la OEA; sin embargo, después se desvolteó y está de nuevo en la oposición, sin que se hayan producido cambios que justifiquen tales vuelcos.
A la lista de expertos en volteretas se añaden otros connotados políticos: Juan Manuel Santos, cerrero opositor de la reelección, es hoy el responsable de organizar uno de los partidos uribistas. Edgar Perea, serpista de hueso colorado hace un año, ahora es uribista irredento. Ventura Díaz y su hijo pasaron de la oposición a cargos diplomáticos en el Caribe. Fuad Char es uribista después del nombramiento de una prima como embajadora en El Líbano. Igual Name Terán... Hasta el alcalde de Barranquilla, Guillermo Hönisberg, amigo de Bernardo Hoyos, es actualmente más uribista que Uribe para protegerse de un proceso penal en su contra.
Esta semana el turno fue de Andrés Pastrana, quien dio el volantín para aceptar la embajada en Washington y “prestarle un servicio a la patria”. Y los medios de prensa, que hasta hace poco hablaban del “desprestigio” del expresidente, ahora lo presentan como prohombre y le preguntan si está pensando ya en ser candidato presidencial.
En fin, Dios los hace y ellos se juntan.
La desconfianza hacia la dirigencia política tradicional es un sentimiento que cada día cobra más espacio en nuestro medio y que mina los cimientos de la democracia, al generar desinterés por las cuestiones políticas y desconocimiento de los asuntos públicos por parte de la ciudadanía.
En este sentido, mi partido, el PDI, aboga por el acceso a la política de nuevos representantes populares con ideas y conductas que se distingan radicalmente de las ideas y conductas de los de siempre. Somos un movimiento democrático nuevo, en construcción, pero esencialmente transformador, que busca conformar una mayoría democrática que promueva los cambios que necesitamos, y el primero de todos, el de retornar la dignidad a la política y a los políticos.
04 de Agosto de 2005 17:58:04
Vista el Blog de Navarro: http://tr.eltiempo.terra.com.co/blogs/home/contenidoblog.php?blog=2644687467