Entre el 3 y el 7 de abril, durante 5
días de sesiones de intenso trabajo, se llevó a cabo la Conferencia Nacional de
Organización del Partido del Trabajo de Colombia (moirista). La Conferencia
realizó un balance de la reconstrucción partidaria en el último quinquenio, hizo
un examen a fondo del Programa y los Estatutos que concluyó en varias
importantes modificaciones de ambos, sistematizó la línea táctica general, pasó
revista a todos los frentes, desde el movimiento obrero hasta el de amigos y
procedió a elegir los órganos de la dirección central del Partido. Para los 120
delegados venidos de todas las regiones de Colombia fue la culminación de una
extraordinaria jornada, con numerosos informes, cientos de opiniones e
importantes enseñanzas. Una veintena de documentos guía que contenían las
propuestas organizativas y los balances de trabajo habían sido repartidos con
antelación a la Conferencia, en un esfuerzo organizativo sin precedentes, que
enriqueció la discusión.
Un sustancioso temario
La Conferencia se denominó «Francisco
Mosquera» en el año del décimo aniversario de su muerte, como reconocimiento al
fundador de nuestro Partido y nuestra corriente política y a su teoría
revolucionaria que ya son una fuerza histórica en Colombia, la fuerza del
moirismo. Igualmente recogió las experiencias de la historia del Partido desde
1965, que pasa por la fundación del MOIR en el pleno de Cachipay en 1970, y que
resume los pasos de la reconstrucción del moirismo, emprendida a partir de 1999,
hasta la adopción de la sigla PTC (moirista).
Con base en la definición de Mosquera
sobre el blanco principal de ataque, los amigos y los enemigos de la nación en
la época del consenso de Washington que hoy atravesamos, la Conferencia se
encargó de resumir y profundizar la táctica para enfrentar el modelo. Marcelo
Torres alertó a los asistentes venidos de 22 departamentos sobre la importancia
de las reformas que propuso el Comité Ejecutivo Central al Programa general del
PTC para ponerlo a tono con los cambios del país y las exigencias del momento, y
explicó la necesidad de indispensables adiciones y modificaciones a los
Estatutos. Asimismo enfatizó en la necesidad vital de organizar los distintos
frentes de trabajo donde el Partido tiene sus raíces o debe extenderlas.
Las numerosas delegaciones, como la
presencia de invitados especiales en la instalación del evento, le dio gran
calidez al acto y alegría a la militancia. Todos fueron recibidos con
beneplácito y algarabía. El Secretario General, en breve intervención, saludó a
los asistentes, explicó los alcances de la Conferencia, y llamó la atención
sobre el auge del movimiento de resistencia contra la globalización imperialista
y el hegemonismo de EU: «Es un viento favorable, que en Colombia tuvo su mejor
expresión en las elecciones del pasado 25 y 26 de octubre, cuando las fuerzas
progresistas del país tuvieron resonantes victorias... La Conferencia acude a
esta cita ineludible con el ascenso de masas». Al terminar abogó por la más
vasta unión para que Colombia se sacuda de la opresión de EU y se transforme en
una nación soberana.
Frente por frente
Se presentaron 14 informes relativos al
Programa y los Estatutos y a los distintos frentes: obrero, juventud,
intelectuales, amigos, abogados, mujer, barrios, agrario, propaganda, periódico,
escuela de cuadros, internacional y finanzas. El trabajo de mayor alcance y
profundidad es el obrero; las cifras del informe muestran las inmensas
dificultades políticas y materiales del movimiento obrero causadas por el modelo
neoliberal: «al finalizar 2002 se tienen alrededor de 900.000 empleos
remunerados menos a los que existían en 1994, año en que se inicia la
tendencia». Sobre el tema, Carlos Rodríguez, presidente de la CUT e invitado
especial, en su intervención ante la Conferencia, aclaró: «Las Centrales nos
retiramos de la Comisión de Concertación Laboral porque nunca antes como ahora
el gobierno había pretendido liquidar la contratación colectiva. Nunca antes
había declarado tantos paros ilegales como en el año 2003. De 30 paros, 26
fueron declarados ilegales, para algunos de ellos demoró 20 minutos en expedir
la resolución de ilegalidad; en cambio, cuando pedimos la presencia del
Ministerio para que constate la violación convencional pasan días y días o
simplemente no concurren. Son actitudes reiteradas contra la actividad sindical.
Por eso nos paramos de la mesa. No hay un país del mundo con esta situación». El
presidente de la CUT hizo un reconocimiento de los aportes y la dedicación del
PTC (moirista) a la lucha del movimiento obrero. El informe recalca que estas
dificultades no ha impedido que el movimiento obrero juegue un papel
determinante en la defensa del interés nacional y en las luchas sociales. Su
mayor logro reciente fue el papel de vanguardia en la movilización nacional por
la abstención que derrotó el referendo con la Gran Coalición Democrática -GCD,
de las centrales obreras, los partidos de izquierda y la oposición liberal.
Uno de los temas tratados con más
detenimiento fue la necesidad de atender el trabajo entre la creciente población
concentrada en las capitales y centros urbanos. Aunque suscitó un cúmulo de
interrogantes y aclaraciones, del asunto emergió la rotunda conclusión de
concentrar más esfuerzos en la organización del frente de barrios. Entre las
diversas experiencias planteadas se resaltó la de Santander de Quilichao, donde
el compañero Néstor Pardo con el resto del Concejo y la administración municipal
logró rebajar las tarifas y al mismo tiempo fortalecer las empresas públicas.
Enrique Mesa recordó cómo, bajo su rectoría en la Universidad del Atlántico, el
aporte técnico y científico de ésta se hizo sentir en el departamento en varios
municipios que padecían un deficiente servicio de acueducto, y Jairo Solano
explicó la importancia y las actividades de las asociaciones de usuarios de
servicios públicos. Bruno Díaz, otro de los invitados especiales, resumió el
debate de Transmilenio que se libra en el Concejo y que tiene tan de capa caída
a Peñalosa.
La conformación del comité de mujeres y
la presentación de su informe constituyeron otro avance y una satisfacción para
todos. Nos remontaron a la época de los descalzos que realizaron faenas por los
desposeídos en muchos rincones del país. Consuelo, Amparo, Beatriz, Helena,
Marta, Delys, Mercedes, Belén y otras más se comprometieron a aunar sus
esfuerzos para fortalecer este frente.
Uno de los momentos de mayor expectación
y entusiasmo lo constituyó la llegada del Embajador de Palestina en Colombia. La
Conferencia entera lo ovacionó de pie; la bandera palestina estuvo al lado de la
de Colombia y de la roja del PTC (moirista). La presencia del embajador Ibrahim
Al Zeben, su alocución y su firmeza, la aclamación de la Conferencia en apoyo a
la justa causa del pueblo palestino y los deseos de paz del presidente Arafat,
propiciaron un clima de solidaridad con el hermano pueblo palestino, y de
repudio a las acciones de Sharon apoyadas por Bush.
Balance y elección de órganos centrales
La Conferencia fue el encuentro de la
experiencia de militantes veteranos de varias décadas de lucha revolucionaria
con la fogosidad de las nuevas generaciones. Un ambiente fraternal de discusión
seria y fructífera reinó en las sesiones. El debate fue franco y abierto y las
decisiones se tomaron de común acuerdo. Aunque se recogieron entre la militancia
cuotas y pagos del periódico del Partido, se acordó hacer un gran esfuerzo para
sanear deudas de los regionales con la dirección central. Varias camaradas
ofrecieron camisetas y bolígrafos con los distintivos del PTC (moirista).
La última tarde se definió la
conformación de los órganos de dirección y fueron elegidos los Comités Ejecutivo
y Central. Fue acogida la plancha presentada para integrar ambos organismos que
se sustentó en la trayectoria, servicios prestados al Partido y capacidad, en
combinación con el criterio territorial y el de la función desempeñada. El
Comité Ejecutivo quedó integrado por 10 miembros y el Comité Central por 39: los
10 del Ejecutivo, los 22 secretarios regionales, el secretario nacional de la
Juventud Patriótica y otros 6 compañeros.
El balance rebasó las expectativas. La
publicación de los textos del Nuevo Programa y los Estatutos, con su debida
sustentación y las conclusiones de la Conferencia, quedó a cargo del Comité
Ejecutivo Central. Con las notas de «La Internacional», el himno mundial del
proletariado, se clausuró la Conferencia. Los asistentes salieron con la
satisfacción reflejada en su rostro. La entrañable camarada Mercedes que se ha
batido en todos los climas y condiciones, como los ciento y pico de camaradas
asistentes y las legiones de petecistas de todo el país, partió de una vez con
sus maletas. Esta vez le iluminó el camino su ancha sonrisa, las orientaciones
asimiladas y la nueva esperanza en el corazón. Las tareas acordadas no dan
tregua.
2.Invitados tomaron la palabra
Carlos Romero, Concejal de Bogotá del
PDI: «Estoy gratamente sorprendido de la vitalidad de un movimiento que ya es
tradicional e histórico en nuestro país y que ha desembocado en la creación del
PTC. Unámonos, vamos a crear ese gran frente de que hablaba Marcelo y vamos
apoyarnos con todas las fuerzas democráticas. Quiero que se sientan con un
Concejal en Bogotá. Estoy identificado con los objetivos del PTC».
Bruno Díaz, del PDI, presidente del
Concejo de Bogotá: «Es justo el espíritu amplio y fraterno de esta Conferencia y
celebro de manera viva, compañero Marcelo su posición, es el camino que se debe
continuar, poniéndole el énfasis en lo que nos une, nos identifica. Actuemos de
acuerdo al sentir de nuestro pueblo y así podremos responder de mejor manera al
compromiso histórico que tenemos como revolucionarios».
Venus Albeiro Silva, Representante a la
Cámara por Opción Siete: «Estamos en contra de la reelección. Agradezco a
ustedes, compañeros del PTC, el apoyo que me dieron para llegar a la Cámara.
Espero que les vaya muy bien en estas deliberaciones, que obtengan importantes
conclusiones para que nos las hagan llegar, yo estoy comprometido
ideológicamente con ustedes».
Jaime Arévalo, dirigente del Modep: «En
el momento actual se requiere la unidad del movimiento progresista, patriótico,
democrático y revolucionario expresados en partidos y movimientos sociales para
luchar contra el imperialismo y por la defensa de los derechos del pueblo.
Destacamos el gran avance que se logró con la conformación de la Gran Coalición
Democrática y la derrota del referendo uribista».
Arnulfo Bayona, dirigente de la UD: «Es
fácil que nos acerquemos en la lucha por que tenemos grandes identidades, Nos
encontramos en dichos escenarios, en la Gran Coalición Democrática que derrotó
al referendo y que debe mantenerse, y en la posición vertical del PTC como de la
UD, en la condena al terrorismo en cualquiera de sus manifestaciones».
Carlos Rodríguez, presidente de la CUT:
«Llamamos a fortalecer la Gran Coalición Democrática, un escenario único en
Colombia, en el que las organizaciones sindicales, políticas y sociales
concurren para buscar solución a los problemas nacionales».
Apecides Alvis, presidente de la CTC:
«Es necesario que todos unidos podamos romper las iniciativas gubernamentales,
ayer derrotamos el referendo. Detengamos el IVA del 2% el que Uribe dice que «es
inofensivo». Hoy tenemos que derrotar el TLC, tenemos que ir a las calles e
invitar a la población, es la ruina de la nación y la entrega de la soberanía al
imperio. Les deseo el mayor de los éxitos, continuemos actuando en nuestra lucha
para bien del pueblo colombiano».
Luis Carlos Avellaneda, Senador de la
UD: «La Unidad Democrática se ha planteado una búsqueda de unidad con todas las
fuerzas de izquierda democrática estamos en esa disposición, no es una unidad
mecánica, debemos hacer una confrontación sincera de convicciones. Ya hemos
tenido algunas conversaciones, sigamos por el camino de la unidad aún teniendo
algunas diferencias».
Asistieron también los invitados: Ana
Rosa Celis, abogada, dirigente popular de Bogotá y Jaime Herrera y Dario Ozorno,
empresarios de la capital. Diversas personalidades enviaron saludos y excusaron
su inasistencia. Recibió significativos aplausos el mensaje de Marta Arango de
Durán Dussán.
3.El nuevo Programa del Partido: Una
consecuente reafirmación de los principios
Por Jorge Enrique Charry
Al comenzar el mes de abril de este año,
la Conferencia Nacional del
Partido decidió modificar por primera vez el Programa General para recoger en él
los cambios acaecidos en la situación nacional e internacional. Habían pasado
treinta y cuatro años de la realización del memorable Pleno de Cachipay, en
octubre de 1970, cuando fue adoptado el Programa y se fundó el moirismo.
El Secretario General del Partido,
camarada Marcelo Torres, presentó ante la Conferencia Nacional de Organización
el documento elaborado por el Comité Ejecutivo Central, denominado «Premisas del
Programa del PTC (moirista)», en el que se definen los conceptos que sirven de
base para modificar el Programa.
Las raíces y la nueva sigla
En primer lugar, se adoptó un preámbulo
en el que se expresa, muy sucintamente, que el Partido del Trabajo de Colombia
(moirista) asume la historia del Partido, desde cuando Francisco Mosquera
encabezó la corriente revolucionaria en el seno del Movimiento Obrero
Estudiantil Campesino, MOEC, contenida en el documento de su autoría Hagamos del
MOEC un auténtico Partido marxista-leninista, hasta el momento actual, pero
aclara que hay un total deslinde de posiciones con el sector oportunista de
«izquierda» que se manifiesta abiertamente a partir de 1998, lo que lleva a la
ruptura con esa facción y a la división del MOIR. De ahí en adelante, debido a
la usurpación legal de la sigla por parte de la mencionada facción ante el
Consejo Nacional Electoral, la forma obligada que reviste la continuidad de la
lucha emprendida por Francisco Mosquera es la adopción del nombre de Partido del
Trabajo de Colombia (moirista). Los orígenes del MOIR están en la lucha librada
en el seno del MOEC por Mosquera y sus postulados están hoy vigentes en el
Partido del Trabajo de Colombia (moirista) conducido por nuestro camarada
Marcelo Torres.
Sobre los principios estratégicos
Adoptada la definición de las raíces
históricas del Partido, se hizo énfasis en que las bases ideológicas del
Programa quedarían intactas. El PTC (moirista) no renunciará a lo consignado en
el Programa adoptado en el Pleno de Cahipay: la realización mundial del
comunismo, el carácter proletario del partido y la lucha por la construcción del
socialismo mediante la victoria de la revolución de nueva democracia en
Colombia.
En la actual etapa neoliberal han
mejorado las condiciones para la comprensión de este último concepto, que se
expresa principalmente en la conquista de la independencia nacional y de las
transformaciones democráticas fundamentales; por ello pueden entenderlo y
acogerlo más y más capas y sectores que sufren la explotación del imperialismo.
El carácter de clase del Partido
Sobre el carácter de clase del Partido,
la Conferencia confirmó íntegramente la definición consignada en el Programa
anterior, mediante la formulación de que «el Partido del Trabajo de Colombia es
un partido político de la clase obrera», aserto que caracteriza su condición
internacionalista al lado de sus tareas históricas nacionales como vanguardia de
la clase obrera colombiana. En el punto siguiente, en el marco de la
confirmación general de la teoría marxista-leninista del Partido, el concepto en
boga durante la época del Pleno de Cachipay que definía los aportes del gran
líder de la revolución china al marxismo-leninismo como «pensamiento de Mao
Tsetung», se sustituyó por una fórmula más asequible al lenguaje político de los
colombianos: el maoísmo. Por otra parte se eleva a condición de teoría de la
revolución colombiana el conjunto de tesis programáticas, definiciones tácticas
y el resumen de experiencias que llevó a cabo Francisco Mosquera en Colombia,
fruto de lo cual es la existencia del moirismo en su doble condición de fuerza
política y de síntesis teórica propia de nuestro proceso revolucionario. En
adelante, el Partido del Trabajo de Colombia (moirista) se definirá como «un
partido marxista-leninista y maoísta que aplica las enseñanzas de Francisco
Mosquera a las condiciones concretas de nuestro país y del mundo».
En cuanto a los aspectos programáticos
que sustentaban la condición de los militantes del Partido, la Conferencia
Nacional aprobó que estos puntos fuesen integrados a los estatutos con el
carácter de introducción y mantuvo en el Programa solamente la formulación
general de que el Partido se conforma como un partido de militantes que rige su
acción y funcionamiento por el centralismo democrático.
La nueva democracia
La Conferencia consideró imprescindible
reafirmar que debe conservarse en el Programa del PTC (moirista) la meta
estratégica de la revolución de nueva democracia porque esta sintetiza los
objetivos progresivos de cuya consecución depende el porvenir de Colombia como
nación: la liberación del yugo de Estados Unidos, la instauración de un Estado
nacional-democrático, la realización de la democracia del pueblo, la
industrialización, la revolución agraria y la elevación del nivel general de
vida de las masas.
También se subrayó la importancia de
nuevas precisiones clave, como la defensa de lo público y el patrimonio del
Estado, el rechazo a las privatizaciones, la defensa de un sistema universal de
salud a cargo del Estado, la completa financiación estatal de la educación en
todos los niveles, el derecho a la vivienda y a los servicios públicos y el
derecho al trabajo. Así mismo, se consignó también la defensa de todos los
derechos democráticos de los colombianos.
La caracterización de la sociedad
colombiana
Sobre el carácter de la sociedad
colombiana, constatando transformaciones económicas y sociales desarrolladas
desde 1970, como el traumático proceso de urbanización y, sobre todo, los
cambios impuestos desde 1990 por el imperialismo que se resumen en el esquema
neoliberal y el acentuamiento de su dominio o recolonización, la Conferencia
Nacional decidió caracterizar a Colombia como «un país neocolonial, con fuertes
rezagos precapitalistas bajo la dominación del imperialismo yanqui acentuada de
modo sin precedentes bajo el esquema económico neoliberal»; dicha «dominación
imperialista norteamericana se da en el marco de la recolonización de Estados
Unidos sobre los pueblos del Tercer Mundo y principalmente sobre las naciones de
América Latina».
En este aspecto, el cambio radica,
fundamentalmente, en que de la caracterización de «semifeudal» que contenía el
anterior Programa, se pasa a catalogar como «fuertes rezagos precapitalistas»
que subsisten en la sociedad colombiana las formas atrasadas de producción en el
campo, la urbanización típicamente tercermundista, el socavamiento de la base
productiva nacional en la industria y en el campo, el fortalecimiento de los
latifundios y la generalización de las formas atrasadas de trabajo y de
subsistencia.
La camarilla pro gringa en el poder
Al profundizar en la línea del Partido
de la última década y media, fundamentalmente en los escritos de Francisco
Mosquera cuando analizó tempranamente la implantación del nuevo modelo
imperialista de dominación en el marco del neoliberalismo y la apertura
económica, la Conferencia Nacional acogió su tesis de que dicha dominación
implicó el remplazo del régimen de dictadura burgués-terrateniente, que
caracterizó la época del Frente Nacional, por «la dictadura burguesa de los
vendepatria”; la cual constituye la dictadura más pro gringa de cuantas haya
soportado Colombia, ejercida por la más reducida y excluyente capa social de
cuantas hayan ejercido el poder en nuestra patria, la de menor arraigo en la
estructura de clases del país y la más carente de raíces en nuestra historia
nacional. En la medida en que esta camarilla pro gringa es agente de la
dominación de Estados Unidos sobre Colombia, la Conferencia Nacional la
identificó, junto con dicha opresión foránea, como el blanco de ataque
principal. También destacó que ello no implica la desaparición de la gran
burguesía y de los grandes terratenientes, por supuesto, sino que el viejo
esquema de dominación imperialista que define el anterior Programa no alcanza a
dar cuenta de la gravedad y lo lesivo de los cambios impuestos por la
recolonización neoliberal iniciada a finales de la década de los ochenta por el
imperialismo.
El frente único
La Conferencia fue enfática en continuar
impulsando un programa de salvación nacional mediante la conformación del más
amplio frente único, el cual estaba estipulado en el Programa del Partido desde
1970. Se acordaron, sin embargo, algunas modificaciones en este punto vital.
Tales modificaciones fueron inspiradas
en su totalidad en los escritos de Mosquera en los que afirma, al definir la
línea táctica general del Partido, que el blanco de ataque de la revolución en
Colombia se ha reducido y que las posibilidades de un frente único
antiimperialista son más amplias. El Partido basa este análisis en que en esta
época se explota y esclaviza como nunca a los trabajadores, se aplasta aún más a
los productores nacionales, se imponen tratados comerciales antinacionales que
amenazan con barrer con lo poco que queda de agricultura, e incluso los
poderosos sienten que la pérdida de la soberanía económica también atenta contra
sus intereses, como lo denunciara Mosquera en 1993 al referirse al grupo dueño
de Avianca. La situación de este conjunto de clases, capas y sectores ahora más
afectados por la dominación gringa, es decir, la nación entera, permite concluir
que, en las condiciones actuales de ruina y desnacionalización impuestas por el
esquema neoliberal, las posibilidades de conformación de un frente único anti
norteamericano son mayores y mucho más amplia su composición social.
Mientras que en el anterior Programa se
establecía que el frente único debería construirse «sobre la base de la alianza
obrero-campesina», la Conferencia Nacional introduce un nuevo elemento al
registrar el hecho ineludible relativo a los tremendos efectos de nuestra
clásica urbanización tercermundista, que condena a millones de colombianos en
las ciudades a malvivir sin posibilidades de vinculación a la producción
moderna; por lo tanto, en el nuevo Programa se señala que el frente único tendrá
como base «la alianza de la clase obrera, las masas populares urbanas y el
campesinado». Ello con el fin de plasmar programáticamente las aspiraciones y el
gran potencial de movilización y de lucha de esas masas urbanas. Obviamente el
proceso de urbanización no es nuevo, de lo que se trata en este punto es de
subrayar el enorme aumento del peso social de ese sector urbano empobrecido,
cuyo factor dirigente y aliado natural es el proletariado.
La táctica: resistencia civil
La Conferencia Nacional, consecuente con
los cambios en la estructura económica y en la composición social, al plantear
la línea táctica general precisó que desde hace más de una década la acción
básica que sintetiza la lucha del pueblo colombiano contra el esquema neoliberal
es la resistencia civil, y que el movimiento obrero permanece a la cabeza de la
misma. Al comenzar los años 90, Francisco Mosquera sintetizó en la consigna de
la resistencia civil la respuesta nacional y popular contra la recolonización
imperialista. Esta resistencia civil se eleva permanentemente de las
reivindicaciones gremiales a la lucha política, y la Conferencia Nacional hizo
énfasis en que la lucha económica y la ideológica deben servir a dicha lucha
política. De este planteamiento se deriva que en las condiciones históricas
dadas a partir del Frente Nacional y por lo que se vislumbra hasta los días que
corren, la forma principal de la acción del proletariado no puede ser la lucha
armada sino la lucha política. Por otra parte, la Conferencia nacional reafirmó
la tradición marxista del Partido en el sentido de oponerse con toda claridad al
terrorismo y a los secuestros como métodos absolutamente ajenos al proletariado
y al pueblo. En este punto, el Secretario General del Partido, camarada Marcelo
Torres, afirmó: «Hasta la fecha, y pese a los ríos de sangre que han corrido en
nuestro suelo, los factores presentes en nuestra patria nos aconsejan
mantenernos en la posición táctica asumida firmemente por el fundador del
Partido.»
Por último, es muy importante destacar
que la Conferencia Nacional aprobó que cada Congreso del Partido, además de
introducir los cambios que requiera el Programa, deberá elaborar un documento
definitorio de la línea táctica general para el período, y el primer punto de
los estatutos exigirá a los militantes su acatamiento.
La situación internacional
En el plano internacional la Conferencia
constató los profundos cambios ocurridos desde 1970 hasta la fecha, como el
derrumbe del socialimperialismo soviético, el cambio de naturaleza de la antigua
China socialista y el hegemonismo global norteamericano y resaltó el gran
movimiento contra la globalización que marca el inicio de un ascenso mundial de
masas contra el hegemonismo y el neoliberalismo. En tales condiciones, se abre
la posibilidad de conformación del más amplio frente único mundial contra el
imperialismo yanqui respaldado por los países oprimidos y las amplias masas, al
cual el proletariado le imprimirá su sello revolucionario.
Conclusión unitaria
La discusión en la Conferencia en torno
a los cambios programáticos fue franca, unitaria y fructífera. Al culminar el
informe del Comité Ejecutivo Central sobre el Programa del Partido, el
Secretario General citó la recordada sentencia de Francisco Mosquera en 1993:
«Las verdades de Marx y Lenin, lejos de
marchitarse, cual lo pregona la burguesía que carece de respuesta para los
interrogantes de la actualidad, volverán a ponerse de moda».
3.De la división del MOIR a la
reconstrucción del Partido
Los militantes del Partido del Trabajo
de Colombia (moirista) permanentemente son inquiridos acerca de la división del
MOIR. Este hecho, que si bien tuvo manifestaciones públicas después de fallecido
Francisco Mosquera en 1994, cobró suma importancia a raíz del enfrentamiento
interno que tuvo que liderar Marcelo Torres por mantener en alto las
concepciones tácticas elaboradas por Francisco Mosquera sobre el nuevo esquema
de dominación gringa impuesto a finales de la década de los ochenta: la
recolonización neoliberal, la apertura económica, la acentuada pérdida de la
soberanía nacional y el frente único antinorteamericano.
De palabra, dentro del MOIR todos
aceptaban que se presentaba un nuevo período de la ya centenaria dominación de
Estados Unidos sobre Colombia, pero en la práctica, un sector, el dirigido por
Héctor Valencia y Carlos Naranjo, se negó sistemáticamente a llevar a la acción
política del MOIR las consecuencias de este hecho.
En el fondo el asunto es muy sencillo:
si el nuevo esquema de la dominación norteamericana afecta a más sectores de la
nación, es evidente que el Partido debe impulsar una política que intente
acogerlos; es decir, que el planteamiento de la construcción de un gran frente
único de salvación nacional debe ser mucho más amplio que el impulsado antes de
la apertura económica. Que se debe intentar recoger en ese frente a todo aquel
que sufra, o por lo menos que le indigne la dominación gringa. Marcelo Torres
sintetizó este planteamiento de Mosquera en la afirmación de que el blanco de
ataque de la revolución es ahora mucho más pequeño y la base social del frente
mucho más amplia, ya que, como advirtiera el fundador del moirismo, para
avasallar el país, el imperialismo y sus agentes necesitaban quebrantar lo que
llamó fuerzas y baluartes de la nación, entre los que incluyó a los barones
electorales hostigados por las fuerzas neoliberales, al igual que los pioneros
de la industria, la Corte defensora de la constitucionalidad y prominentes
intelectuales como Germán Arciniegas, defensores del punto de vista nacional y
democrático en la historia del país. Por el contrario, la facción de Valencia y
Naranjo, desconociendo la realidad, se inclinaron hacia una posición oportunista
de «izquierda» en el sentido de calificar la situación como propicia para
reducir la política de alianzas solamente a sectores estrictamente definidos
como revolucionarios o de izquierda.
Este fue el eje central de la discusión
interna en el MOIR. Por ejemplo, en 1998, cuando los Estados Unidos habían dicho
que su candidato preferido era Andrés Pastrana y las fuerzas progresistas veían
en la candidatura de Horacio Serpa una forma de oponerse a los designios
gringos, el sector de Valencia dijo, sin rubor, que para la nación era más
peligroso el candidato liberal. Esa posición, impuesta mediante mecanismos
internos no democráticos, condujo al MOIR a la inactividad y a marginarse de la
batalla política de las elecciones presidenciales de ese año e impidió que el
Partido aprovechara esa oportunidad para hacer conocer su análisis sobre el
neoliberalismo e influir en grandes sectores de masas para encauzar la lucha.
La irresponsabilidad con la que se
manejó al Partido en esos momentos hacía que fuertes contingentes de militantes
expresaran su descontento y optaran por exigir las garantías democráticas que
los estatutos tienen establecidas; pero la dirección ejercida por Valencia, una
y otra vez, violentó las normas internas y no permitió que democráticamente los
militantes expresaran sus criterios.
La concepción estrecha y artesanal de
Valencia entorpecía el trabajo del Partido en las organizaciones sindicales, en
los barrios, en la juventud, en la lucha electoral y, en fin, amenazaba con
convertir al moirismo en una secta.
Había que tomar decisiones al respecto.
Si la política era, de una parte, reducir la posibilidad de ganar amigos para la
revolución, y, de otra, restringir al máximo la democracia interna, no había
otro camino que intentar reconstruir al MOIR con los principios elaborados por
Mosquera para el período y restablecer la democracia interna del Partido.
Marcelo Torres, junto con un esforzado núcleo de camaradas del Comité Ejecutivo
Central y de otros frentes partidarios, se puso al frente de esas dos tareas y
en muy poco tiempo logró asegurar que la mayoría del Partido se colocara del
lado de la genuina línea moirista. Ante ello, la facción valencista desplegó de
lleno su centralismo burocrático: llegó al extremo de condicionar la realización
del pleno del Partido que se reunió en mayo de 1998 a la exigencia insólita de
que no se desarrollara ningún debate en este. La militancia del Partido,
indignada por este abozalamiento, calificó la caricatura de reunión como el
«Pleno de los Mudos».
Con paciencia, pero firmes en sus
posiciones, los defensores de una consecuente política de frente único
continuaron haciendo todos los esfuerzos necesarios para mantener la unidad en
el MOIR. El único requisito que exigían era la aplicación de la democracia
interna para poder adelantar una sana discusión sobre cuál debería ser la línea
del Partido. El remate de la burda deformación valencista de la ley orgánica de
un partido comunista lo constituyó el saboteo que esa facción adelantó al
impedir la reunión de la Conferencia Nacional del Partido, previamente acordada
para octubre del mismo año, en la que se debían ventilar y resolver las
divergencias internas. Al final, ante la intransigencia de la facción contraria,
un haz de fuerzas internas desbordó esa talanquera y se inició el proceso de
reconstrucción partidaria.
Inicialmente, las fuerzas mayoritarias
del Partido, que respaldaron la posición encabezada por Marcelo Torres, se
expresaron públicamente con el nombre de MOIR, pero la usurpación legal de esta
sigla por la tendencia desviacionista ante el Consejo Nacional Electoral obligó,
a la postre, al sector mayoritario, a adoptar la nueva sigla. Por eso hoy la
corriente que encarna la genuina tradición del partido fundado por Francisco
Mosquera en 1965 se expresa con el nombre de Partido del Trabajo de Colombia
(moirista).
El nombre de Partido del Trabajo de
Colombia fue propuesto por Mosquera en el Pleno de Cachipay de 1970; por ello,
el Partido lo asumió en la Conferencia Nacional de marzo de 2002. Sin embargo,
como vínculo indisoluble con la historia de la cual proviene el Partido, y a la
cual jamás renunciará, nuestra sigla irá seguida, en todo momento y lugar, de la
denominación moirista.
En la nueva situación, la Conferencia
Nacional de Organización ha afirmado que con la división del MOIR se abrió un
período en el cual debe establecerse en la práctica cuál es la corriente
continuadora de la línea preconizada por Francisco Mosquera, del moirismo.
Frente a este desafío, el momento por el que pasa tanto el mundo como Colombia,
de inicio de un ascenso general de la lucha de masas en escala mundial, en
contraste con el prolongado período en igual escala de reflujo y retroceso
anteriores, constituye un factor enormemente favorable a la concreción y al
desarrollo de dicha fuerza orientadora del proletariado y la nación entera.
4.Conferencia Nacional señala rasgos
sobresalientes de la situación nacional - Uribe se enreda más y más
La Conferencia Nacional de Organización
del PTC (moirista) identificó como característica principal de la situación
nacional la marcada tendencia a la complicación de la marcha del gobierno,
agudizada a raíz de la derrota del Referendo, a la par que una reanimación del
movimiento obrero y popular.
El gobierno de Uribe Vélez ha visto
multiplicar sus dificultades políticas desde el fracaso del Referendo. Este
revés significó el hundimiento del unanimismo de que venía gozando hasta
entonces en las filas de los partidos tradicionales y los medios de
comunicación. Ha cundido el desorden entre las fuerzas políticas que lo apoyan.
El nuevo intento de su proyecto de reelección, cuya primera versión naufragó en
el Congreso inmediatamente después del Referendo, ha dividido aún más al
uribismo y los colaboracionistas, no tiene asegurada su aprobación parlamentaria
y ha recibido el repudio de las mayorías del país. En la misma línea figura la
derrota sufrida por los candidatos uribistas en las elecciones regionales y el
avance de fuerzas de oposición como el PDI; en especial, la obtención de la
alcaldía de Bogotá. El debate reciente por las denuncias sobre Transmilenio es
una muestra del declive político de los dirigentes del neoliberalismo, como el
ex alcalde Peñalosa.
Otra creciente complicación para el
Gobierno proviene de sus frecuentes enfrentamientos con los órganos de control
del Estado y de la resistencia institucional que ha despertado la injerencia
presidencial en las otras ramas del poder público, al igual que el rechazo a la
tendencia gubernamental a usurpar sus funciones. Como resultado, el país ha
visto acentuarse los llamados “choques de trenes” entre las instituciones y de
estas con el Ejecutivo.
Por otra parte, la sordera e
intolerancia del Gobierno ante las críticas sobre la situación de derechos
humanos en Colombia y las reformas contra las libertades civiles –provenientes
de varias ONG, al igual que de algunos gobiernos europeos e incluso de la propia
ONU– ha llevado a un enfriamiento de sus relaciones con Europa, como lo puso en
evidencia el notorio fracaso de la última gira de Uribe por el viejo continente.
Uribe Vélez es considerado, con razón, por los países europeos como un
gobernante autoritario, simple apéndice del gobierno de Bush en política
exterior.
Tampoco los resultados de la economía
son satisfactorios. Si bien la cifra de crecimiento del último año fue reportada
por encima del 3.5% del PIB, el desempleo y la pobreza alcanzan los mayores
niveles de la historia, lo que hace insostenibles los fundamentos de la
reactivación económica que el Gobierno viene celebrando.
Otro rasgo importante de la situación
nacional es la reanimación del movimiento obrero, el aumento de su confianza
propiciado por la resonante victoria de la campaña de abstención al referendo,
donde jugó un papel central la Gran Coalición Democrática. Este logro de las
centrales obreras, los partidos de izquierda y la oposición liberal trajo el
cambio considerable del estado de ánimo de las masas, manifiesto en la sucesión
de marchas, protestas, paros anunciados y la próxima celebración del Encuentro
Nacional de Organizaciones Sociales y Políticas. Lo anterior se desarrolla a
pesar de que el movimiento obrero y popular continúa aún a la defensiva frente a
la ejecución de la agenda neoliberal por el Gobierno. Así lo corrobora la feroz
política oficial contra Ecopetrol y los trabajadores de la USO y el Sena. Un
importante avance respecto a la táctica a seguir por el movimiento obrero y el
pueblo lo constituye el lánguido entierro de la descaecida tesis de la
“cohabitación” o concertación de los de abajo con el gobierno de Uribe.
La violencia sigue ejerciendo la máxima
influencia perturbadora sobre la vida nacional y es de temer que su nefasta
incidencia se acreciente. Aunque la gigantesca inyección presupuestal en el
gasto de las fuerzas armadas, sumada a la cuantiosa asistencia militar
estadounidense, ha revertido a favor del Estado, las tendencias observadas desde
1995 en la evolución de las fuerzas de los bandos combatientes muestran que,
lejos de ceder la violencia y resolverse o apaciguarse el conflicto, este tiende
a recrudecerse. Oscuro augurio del futuro inmediato constituye la inminente
presencia de cascos azules de la ONU en la frontera entre Ecuador y Colombia,
confirmada por el presidente ecuatoriano, Lucio Gutiérrez, durante su reciente
visita a nuestro país.
Por último, el factor internacional más
relevante lo constituyen los serios obstáculos alzados frente a la cruzada
bélica norteamericana y los planes de contraofensiva de Estados Unidos para
recuperar su hegemonía económica y procurar remontar la recesión de su economía.
Mientras la fiera resistencia nacional de Irak empantana al ejército invasor
gringo y el movimiento antiglobalización hostiliza las cumbres económicas de los
poderosos, la oposición presentada por los países del Mercosur y Venezuela ha
impedido el avance en la agenda de las negociaciones del Alca. Esto ha impuesto
una pausa a dicho proceso que busca la anexión económica de América Latina. Pero
es previsible que Washington reaccione lanzando una mayor ofensiva sobre la
región para forzar la decisión de los países de entregar sus economías. La
negociación de tratados bilaterales entre EU y los países andinos, como el que
gestiona el gobierno de Uribe, responden a los intereses estadounidenses. La
estrategia de Washington es impulsar el Alca por medio de tratados bilaterales,
en los que se imponen por separado a cada país las condiciones contempladas en
el proyecto hemisférico del imperio. Frente a esta política, se levanta la
creciente resistencia de los trabajadores, campesinos y sectores medios de la
población de Colombia y otros países andinos, que se expresa en una variada gama
de movilizaciones populares cada vez más amplias y numerosas.
5.Reforma de los estatutos
Al resumir la experiencia de más de tres
décadas de aplicación de los Estatutos aprobados en el Pleno de Cachipay en
1970, la Conferencia Nacional de Organización del Partido del Trabajo de
Colombia (moirista) decidió modificar algunos artículos e introducir otros.
El eje fundamental de la reforma a los
estatutos consiste en fortalecer el concepto revolucionario de lo que se conoce
como los pilares del centralismo democrático: el estilo de trabajo comunista y
el sistema de comité del Partido. Para ello, las ideas guía que orientaron la
modificación estatutaria, adoptada por la Conferencia Nacional, fueron las
sistematizadas por Francisco Mosquera a partir de la práctica organizativa del
Partido y las tesis de Mao Tsetung sobre la experiencia del Partido Comunista de
China.
En la Conferencia, el Secretario
General, camarada Marcelo Torres, rindió un amplio informe elaborado por el
Comité Ejecutivo Central sobre los principios organizativos del Partido que
pueden resumirse de la siguiente manera:
Todos los partidos políticos necesitan
de modo esencial del centralismo, la diferencia radica en el método que se
adopte para ejercerlo. Se puede centralizar mediante la violencia y la
dictadura, pero el método inherente al proletariado es el centralismo
democrático. Francisco Mosquera, el fundador del moirismo, planteó tres métodos
para centralizar el Partido: el consenso, los acuerdos y la democracia, y
precisó que este último es el mejor. Incluso, el proletariado lo recoge de la
experiencia de la Revolución Francesa.
El centralismo democrático es un arma
ideológica que unifica la acción del Partido, lo que lo convierte en una fuerza
política y en un método de conocimiento. Su realización implica conocer a fondo
la situación dada que se quiere resolver para extraer las conclusiones justas.
Ello exige, antes que nada, de «una vida democrática en su plenitud». El
conocimiento al que se llega, como resultado de concentrar las ideas correctas y
sintetizar las experiencias, implica un proceso que puede ser breve o
prolongado, según la naturaleza del problema.
La diferencia entre centralismo burgués
y centralismo proletario estriba en que el primero no presupone necesariamente
la democracia, mientras que el centralismo proletario sí la requiere. La
democracia es el método que garantiza la concentración de las ideas correctas;
la discusión, el razonamiento, la crítica y la autocrítica, la lucha ideológica,
constituyen el método para lograr «una vida democrática en su plenitud». Se
requiere «dejar hablar a la gente»en vez de prohibirlo. La democracia de la cual
brota el centralismo proletario es fundamental para que en el Partido se
desarrolle un gran número de personas capaces, pues es ella la que permite la
iniciativa y la creatividad, tanto de los militantes como de las masas.
La democracia no puede ser absoluta.
Tiene varias condiciones sin cuya aplicación no podría mantenerse la cohesión
del Partido, a saber: el militante se subordina a la organización, la minoría a
la mayoría, el nivel inferior al superior y todo el Partido a la dirección
central; así mismo, se prohiben los grupos secretos. La observancia de estas
reglas de disciplina garantiza que el Partido actúe como una fuerza y asegura la
realización de la democracia, en el sentido de que siempre se cumpla la voluntad
de la mayoría.
Uno de los pilares del centralismo
democrático, el estilo de trabajo comunista, consiste en distinguir el carácter
diferente que tienen las contradicciones con el enemigo en contraste con el de
las contradicciones que se dan en el seno del pueblo, y en derivar de unas y de
otras los métodos apropiados para resolverlas. Las contradicciones con el
enemigo son antagónicas y se resuelven mediante la fuerza y la represión. Las
contradicciones en el seno del pueblo, entre las cuales se encuentran las
contradicciones dentro del Partido, no son antagónicas, y el método para
resolverlas excluye por definición el uso de la fuerza; lo correcto es aplicar
la discusión, la persuasión, la crítica y la autocrítica, y las negociaciones
entre camaradas o entre la gente del pueblo. Si ello se aplica, la nueva unidad
que se alcance tendrá una base superior y más sólida. Al tratamiento correcto de
las contradicciones en el seno del pueblo se oponen el dogmatismo, el
burocratismo, el sectarismo y el comportamiento de «príncipes hegemónicos» de
algunos dirigentes.
El sistema de comité del Partido
consiste en «una sana práctica de reuniones para ventilar y resolver todos los
problemas importantes», que asegura la dirección colectiva y garantiza que el
secretario conduzca acertadamente el organismo.
El Partido debe examinar y evaluar cada
cierto tiempo su estilo de trabajo y la observancia del «sistema de comité»,
realizar la correspondiente sistematización de experiencias, consolidar los
logros y emprender campañas de rectificación sobre los errores y deficiencias.
Cuando la centralización no es el
resultado del proceso democrático y esta situación se convierte en práctica
permanente, la centralización, lejos de reforzarse, se debilitará y terminará
por agrietarse. En síntesis, el centralismo democrático, por un lado, concentra
las ideas correctas, y por otro, centraliza la acción política del Partido; es
el método del proletariado para conocer colectivamente el mundo y actuar en
forma organizada para transformarlo revolucionariamente.
La Conferencia Nacional incluyó en los
estatutos nuevos artículos sobre el estilo de trabajo y el sistema de comité del
Partido. Además de modificar parcialmente otros artículos, como fruto de
necesidades prácticas y de la historia del Partido. En una introducción, que
forma parte de los Estatutos, adoptó los puntos básicos sobre el carácter de los
militantes y el principio de basarse en sus propios esfuerzos para adelantar la
acción política. Introdujo también nuevos artículos sobre: los deberes de los
militantes para con el periódico central del Partido, la estructura partidaria y
la relación con su organización juvenil, la Juventud Patriótica. Mención
especial mereció el tratamiento estatutario de las Conferencias Nacionales:
estas han jugado un papel preponderante como órganos de dirección central en la
historia del moirismo, por lo cual, en los artículos correspondientes, sus
funciones fueron fortalecidas.
6.La Conferencia Nacional de
Organización del PTC (moirista) ratificó al Secretario General
Marcelo Torres
Marcelo Torres fue elegido Secretario
General del Partido del Trabajo de Colombia (moirista) en la sesión final de la
Conferencia Nacional de Organización «Francisco Mosquera». El dirigente
petecista venía desempeñándose como líder del Partido desde mayo de 1998. Son
varias y poderosas las razones por las cuales la Conferencia Nacional le
confirió el cargo de mayor responsabilidad en el Partido.
Encabezó la defensa de la aplicación de
las tesis de Mosquera, en particular la relativa al frente único, en medio del
proceso de contradicciones que desembocó en la ruptura con la facción
oportunista de «izquierda» del MOIR.
En la reunión nacional de marzo de 1999
trazó la orientación de reconstruir el moirismo, y recalcó la necesidad de
fortalecer un partido de militantes y guiarse por la línea táctica general
formulada por Mosquera para el periodo neoliberal.
Puso el énfasis en las elecciones
presidenciales de 1998, en las que el Partido debía concentrar su ataque en el
candidato preferido de Estados Unidos, Andrés Pastrana, y no colocar la
candidatura de Serpa en el mismo plano que la del delfín azul.
En 2002, cuando hubo manifestaciones
fehacientes de que Estados Unidos se había inclinado por la candidatura de
Álvaro Uribe, propuso al Partido respaldar la candidatura de Serpa, el oponente
de mayor fuerza, como forma de enfrentar al designado por Washington,
Luego del atentado del 11 de septiembre,
registró el giro agresivo de la política exterior norteamericana que colocó como
blanco de ataque principal de ésta al terrorismo y, tras la invasión de EU a
Irak, señaló que, con el inicio de un ascenso mundial de la resistencia de
masas, se abrían grandes posibilidades para una política internacional de frente
único mundial contra el hegemonismo norteamericano y el neoliberalismo.
Después de la derrota del referendo
uribista por el movimiento obrero y el pueblo, destacó que, pese a los notables
avances de las fuerzas democráticas y progresistas logrados en las jornadas
políticas del 25 y 26 de octubre de 2003, y no obstante que entrañaron una
alteración favorable, aunque no sustancial, de la correlación general de fuerzas
–la que debilitó al gobierno de Uribe y mejoró las posiciones del bando
antineoliberal–, no existen condiciones para una política de concertación con la
actual administración, que la ofensiva oficial contra el movimiento obrero y el
pueblo continúa y que las masas deben afirmar y utilizar los avances obtenidos y
organizar el contraataque.
En el trabajo de elaboración de los
materiales preparatorios de la Conferencia Nacional de Organización, Marcelo
Torres propuso al Comité Ejecutivo Central las modificaciones sobre el carácter
de la sociedad colombiana, subrayó la necesidad de incluir en el Programa la
línea táctica general formulada por Mosquera para el período neoliberal y
planteó la inclusión en los Estatutos del estilo comunista de trabajo y del
sistema de Comité del Partido.
Marcelo Torres fue, al lado de Francisco
Mosquera, uno de los fundadores del MOIR en el Pleno de Cachipay de octubre de
1970 y miembro de su Comité Ejecutivo Central desde entonces. Como principal
dirigente de la juventud colombiana y líder del movimiento estudiantil de 1971,
le correspondió representar al Partido en las elecciones de 1972, las primeras
en las que participó el MOIR. Fue Secretario Nacional de la Juventud Patriótica,
ala juvenil del moirismo, hoy del PTC. Candidato a diversas corporaciones
públicas, fue responsable nacional de las relaciones políticas del Partido, y en
parte del cuatrienio 1994-1998 se desempeñó como senador, al lado de Jorge
Santos Núñez, jugando un destacado papel. Sus escritos e intervenciones públicas
han constituido valiosas orientaciones para la actividad del Partido.
La Conferencia Nacional de Organización
del Partido del Trabajo de Colombia (moirista) realizada en abril, al elegir al
Comité Ejecutivo Central, confirmó a Marcelo Torres como su Secretario General y
depositó en su jefatura la confianza del Partido para adelantar la tarea de su
reconstrucción y trazar las orientaciones revolucionarias que el proletariado y
el pueblo de Colombia demandan en esta angustiosa hora de incertidumbre y de
dominación imperialista agenciada por el gobierno de Uribe Vélez. El Secretario
General contestó reafirmando su firme voluntad de entregar hasta su último
aliento vital a la causa del Partido y de la revolución.